Otros Atractivos

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    Agroturismo

    Visitar haciendas para vivir experiencias en los cafetales, en el cultivo de flores, en la ganadería y en la agricultura, especialmente en la producción de arroz húmedo, han hecho crecer la oferta de agroturismo en la zona, donde las prácticas productivas otorga nuevas vivencias en los visitantes.

    Algunas haciendas privadas o cooperativas campesinas, ofrecen espacios en las casonas o cuentan con cabañas construidas para los turistas, que por unos días se insertan en la vida campesina.

    Las ofertas de turismo comunitario, para compartir vida con familias campesinas son mayores en San Ramón, mientras en La Dalia y en El Arenal, el agroturismo se mezcla con actividades contemplativas de la naturaleza, similar a las prácticas educativas del ecoturismo.

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    Cultura

    El principal atractivo cultural es la casa natal del poeta Rubén Darío, ubicada en Ciudad Darío, el sitio donde Rosa Sarmiento le dio a luz en 1867. Aunque Darío no se desarrolló allí porque su familia era de León, su fama posterior cambió el nombre del poblado de Metapa y distinguió la ciudad con esa parte de su historia.

     Matagalpa fue un refugio de los aborígenes cuando la colonización española se asentaba en la llanura del Pacífico y en la primera elevación montañosa, después de la ciudad de Sébaco, en Chaguitillo hay petroglifos, calendarios grabados en piedras y otras huellas de la vivencia aborigen precolombina.

    La música norteña, presente en las haciendas y en las ciudades rurales, ofrece mazurcas con guitarras y sones a base de violín, que provocan danzas regionales que diferencian a Matagalpa y toda la región norteña, del resto del país.

    Las corridas de toros, donde los animales no son sacrificados, son frecuentes en las comunidades rurales, donde el ron, la música regional, las carreras de caballo para capturar anillos, o aves, en presencia del público, similar a las fiestas gauchas, hacen de la cultura norteña, una experiencia especial.

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    Avistamiento de aves

    Las montañas matagalpinas constituyen el punto más al Sur hasta donde vuelan muchas de las aves migratorias que cruzan el continente. Ello permite que en esta zona se pueda contemplar un tipo de aves, para completar un programa en el sur del país y vivir en Nicaragua una amplia posibilidad de avistamiento, donde se ha certificado la presencia de más de 800 especies entre migratorias y residentes.

    Los quetzales y los tucanes destacan entre la variedad de aves que se pueden ver en los bosques húmedos primarios de mayor altura, por lo general coincidentes con las haciendas cafetaleras. En la zona arrocera de Sébaco, las diferentes especies de garzas son abundantes.

    Algunas se equipan con instrumentos larga vistas y cuentan con guías para alcanzar el mayor número de aves. Las horas tempranas, cuando estas salen a gozar la vida del bosque cercano y el atardecer, cuando retornan a sus sitios de pernoctación constituyen la oportunidad para lograr los mejores resultados.

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    Haciendas cafetalera

    El mundo del café constituye toda una cultura, implantada en Nicaragua desde la segunda mitad del Siglo XIX y desarrollada en las zonas altas del país. La casa hacienda, las plantaciones, los bosques, las fuentes de agua, los procesos de secado, son todo un arte que tiene por eje central el cuidadoso cultivo que le ha dado a Nicaragua un espacio destacado entre los cafés de calidad del mundo.

    Las temporadas de corte permiten concentrar a centenares de trabajadores y en muchos casos, la comunidad atrae la diversión campesina, que en ocasiones les distrae de las duras jornadas.

    Una vez terminada la cosecha, el arte de catar café con sus componentes como acidez, sabor, textura y apariencia, permiten conocer todo lo que encierran los procesos productivos para dar por resultado una tasa de bebida, altamente cotizada en todo el mundo.

    Los bosques de cada unidad productiva no sólo componen hermosos paisajes naturales, forjan microclimas  y atraen muchas especies de aves, que le dan a la vida en la hacienda un toque singular.

    Las cascadas de aguas de montaña permiten en algunos casos caminar por atractivos senderos, reconociendo arboles antiguos, estanques con ranas coloridas y la identificación de otras especies endémicas.